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Los carnavales navarros traen magia, alegría y color

Con la llegada del nuevo año, varias localidades de Navarra reciben la visita de sus huéspedes más temidos: carboneros, mayordomos, osos o hartzas, brujas aulladoras, bandidos y fantasmas de tela de saco rellenos de hierba seca. Son los protagonistas de los Carnavales rurales, fiestas coloristas ligadas a danzas y rituales mágicos ancestrales. Las celebraciones son muy variadas y, aunque cada pueblo de Navarra cuenta con su propia tradición y calendario, todos viven la cita pagana más esperada del año con un gran sentido del humor.

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Entre las primeras localidades que han dado la bienvenida a Don Carnal se encuentran Leitza, que el domingo 24 de enero celebró un desfile de carrozas y disfraces por las calles del pueblo, y Sunbilla, que puede presumir de organizar el desfile más popular de la comarca del Bidasoa (31 de enero). La genialidad y la originalidad de las carrozas dan paso a ritos y costumbres más agrícolas, como el famoso “zanpantzar” o desfile que protagonizan los vecinos de Ituren y Zubieta para ahuyentar los malos espíritus y proteger los campos. Lo consiguen con el sonido los cencerros que llevan los mozos (ioaldunak) colgados a la cintura, y con su vistosa vestimenta, que todos los años atrae a curiosos y visitantes. La fiesta comienza el lunes posterior al primer fin de semana de febrero (1 de febrero), con el desfile de los ioldunak de Zubieta hacia Ituren. Al día siguiente (2 de febrero), los ioaldunak de Ituren devuelven la visita a los de Zubieta.

Junto con los de Ituren y Zubieta, los Carnavales de Lantz están declarados “Bien de Interés Cultural”. En Lantz, el personaje central es el bandido Miel Otxin, un gigante de tres metros vestido con vivos colores que el domingo de Carnaval (7 de febrero) es ejecutado y quemado, y que va acompañado por los txatxos, unas figuras con las caras cubiertas con telas y sacos, que increpan al público congregado con escobas y palos.

Carnaval-de-Lantz-_Turismo-Reyno-de-Navarra

 

Con especial atención hay que seguir el movimiento de los momotxorros, los protagonistas indiscutibles de los Carnavales de Altsasu/Alsasua, reconocidos como “Fiesta de Interés Turístico de Navarra”. Se trata de unos personajes de aspecto fiero que salen por las calles de la localidad el martes de Carnaval (9 de febrero) y provocan al público con sus horquillas.

El listado de curiosos personajes que recorren los pueblos navarros se completa con los zakuzaharrak embutidos en sacos de tela rellenos de hierba seca de Lesaka (7 de febrero), los pastores y nodrizas (iñude eta artziak) de Bera (7 y 8 de febrero), los carboneros o zomorrok de Goizueta, los mamuxarros cubiertos de fantásticas caretas de Unanu y el oso de Arizkun (estos tres últimos, el 9 de febrero).

Algo más urbanos son los Carnavales de Pamplona (13 al 16 de febrero), que también cuentan con un personaje principal: María Trapo, un muñeco que representa a la malvada jefa de los francos que destruyeron el burgo de la Navarrería y que acabó quemada en su torre.

En la Ribera de Navarra la fiesta pagana es especialmente vistosa en Tudela (5-7 febrero), con los cipoteros al frente, unos personajes con máscara y cabeza cubierta que arrojan caramelos y van acompañados por los capirotes; en Cascante los zarrapoteros, vestidos de blanco con cintas de diversos colores que les cuelgan de un sombrero de paja, son los encargados de inaugurar los Carnavales el viernes por la noche (5 de febrero); y en Cintruénigo, los zarramuskeros toman las calles del pueblo las tardes del sábado y domingo de Carnaval (6 y 7 de febrero). Su misión es rociar con el agua con azulete que llevan en unas sulfatadoras a cuantos pillan por el camino.

 

También en la Ribera, la localidad de Villafranca se ha hecho famosa en los últimos años por sus multitudinarios carnavales. Los desfiles se han convertido en el acontecimiento más esperado por vecinos y visitantes. Durante el viernes, sábado y domingo de Carnaval (5 al 7 de febrero), las calles del pueblo se llenan de disfraces y carrozas, y todas las personas disfrazadas participan, tanto a nivel individual como a nivel colectivo, en un concurso con mucha tradición que en los últimos años otorga cuantiosos premios a los ganadores.

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