Viajes y pensamientos

Viajamos y meditamos

William Blake en la novela de Kenzaburo Oé ¡Despertad, oh jóvenes de la nueva era!

Kenzaburo Oé, Premio Nobel de Literatura 1994, es autor de ¡Despertad, oh jóvenes de la nueva era!,  singular novela de 1983 publicada en España por Seix Barral en 2005, donde el visionario poeta, pintor y grabador británico William Blake es referenciado constantemente. Un libro que “es a veces diario, a veces relato y a veces interpretación literaria; cuando los tres elementos se juntan es cuando más interesa”, según una reseña en El País de José María Guelbenzu.

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Blake aparece en multitud de páginas, incluso al final de la misma donde queda explicado el título blakeano de la novela: “Unos versos del prefacio del Milton de Blake, que con frecuencia había recitado para mí mismo, parecían crecer dentro de mí: «¡Despertad, oh jóvenes de la nueva era! ¡Oponed vuestras frentes a los mercenarios ignorantes! Pues tenemos mercenarios en el campamento, en la corte y en la universidad: los cuales, si pudieran, rebajarían lo mental para siempre y prolongarían la guerra corpórea.» Con Blake como guía, contemplé una fantasmagoría de mis hijos como hombres jóvenes de una nueva era, una era funesta, atómica, que requeriría de ellos, con la mayor urgencia, oponer sus frentes a los mercenarios ignorantes, y sin duda podría sentirme yo a su lado renacido como otro joven. Ahora, cuando se aproximaba la vejez y había llegado el tiempo de resistir la angustia de la muerte, quisiera oír las palabras que proclama la voz de El árbol de la vida, animando a toda la humanidad como si me fueran dirigidas a mí y sólo a mí: No temas Albión a menos que yo muera tú no puedes vivir / pero si yo muero me alzaré de nuevo y tú conmigo”.

Resumen de la novela en la contraportada

K vive en Tokio con su esposa y sus tres hijos. Eeyore, el mayor, padece una enfermedad mental, y durante un dramático acceso alza un cuchillo contra su madre. En lugar de afrontar la situación, la reacción de K es sentarse y leer en su estudio. Con el tiempo, los problemas de Eeyore obligan a K a volver a intervenir en la vida familiar, pero entonces sus lecturas de William Blake ya no ofrecen un refugio, sino una forma vital de comprender a su hijo.

A medida que K se esfuerza por entender a su familia y asume sus responsabilidades, debe, también, analizarse a sí mismo, su relación con su padre, sus posicionamientos políticos o el papel que como escritor tiene en la sociedad. Imponente retrato de los vínculos invisibles que existen entre un padre y su hijo, ¡Despertad, oh jóvenes de la nueva era! sobrecoge por su tremenda honestidad emocional.

Explicaciones del autor sobre esta novela

En 1985 el autor era entrevistado por el periódico La Vanguardia. El periodista señalaba que para el lector español, ésta era su primera obra de no ficción y le preguntaba por qué había decidido “narrar así”  la historia de la relación con su hijo Hikari, llamado Eeyore en la novela.

Y así respondía Oé: “Hikari nació, hace 41 años, con un tumor de color rojo brillante, del tamaño de una segunda cabeza, que hubo que extirparle en una operación a vida o muerte. Esa angustia, y la deficiencia mental que se le diagnosticó, marcan decisivamente mi obra literaria. En ¡Despertad…! reflejo el proceso que me condujo a aceptar esa realidad y, después, a convivir con ella. Es algo que aparece de forma más o menos indirecta en otras novelas, como Una cuestión personal, pero aquí quise plasmarlo de modo totalmente autobiográfico, no ficticio. Aunque narre hechos reales, sigue siendo literatura, al mismo nivel que una novela para mí es una novela de no ficción. También pretendí materializar el imaginario de la poesía de Blake, el romántico inglés, y, a través de él, reflejar a los míos. He intentado dibujar dos mundos: el de los poemas de Blake y el de la vida cotidiana de mi familia, dos mundos que se solapan y, en un momento dado, a través de un juego de espejos, se unen formando un solo mundo. No es fácil decir dónde acaba uno y dónde empieza el otro”.

William-Blake-en-FelphamEn otra entrevista Oé decía: He trenzado mi vida con mi hijo disminuido y mis pensamientos suscitados por la lectura de William Blake en una serie de textos breves. Mi propósito, con ocasión del vigésimo aniversario de mi hijo el próximo junio, ha sido lograr una visión de conjunto -la mía, la de mi esposa y la de los hermanos menores de Eeyore- del tiempo que hemos compartido con él hasta ahora y el que compartiremos en el futuro. También he querido escribir un libro de definiciones del mundo, la sociedad y la humanidad basado en mi propia vida”.

Asimismo, en la prensa se recogen otras explicaciones de Oé como esta:  “Es lo más importante que he escrito y refleja el proceso, primero, de aceptación de mi hijo y, después, de cómo llegamos a ser felices juntos. Todos los hechos son reales, pero se narran de manera novelística, con estilo literario.Dibujo dos mundos, el de los poemas de Blake y el de mi familia, que se van solapando, y a través de un juego de espejos llegan a unirse formando una sola realidad, porque no es tan fácil decir dónde está la frontera entre lo que vivimos y lo que leemos”.

Un ensayo sobre Blake esparcido a lo largo de la novela

Sorprendido estoy, ciertamente, de esta novela-diario-ensayo blakiano.  Kenzaburo Oé transcribe algunos versos blakianos de Cantos de inocencia y experiencia,  El matrimonio del cielo y del infierno,  Los Cuatro Zoas, Milton y Jerusalem.  Asimismo medita sobre tales versos y sobre las obras pictóricas blakianas Día gozoso, El espectro de una pulga, El mar de tiempo y espacio y El juicio final. Y todo ello aplicándolo a su vida y al intento permanente de comprender el psiquismo de su hijo minusválido.  Me he apoyado en el pensamiento de Blake no sólo en mi obra de ficción sino también en mi crítica literaria, en la cual he citado pasajes del poeta”, reconoce en esta novela.

 

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He aquí una de las meditaciones blakeanas de Oé: «Lo que he leído de la biografía de Blake me lleva a creer que tuvo una muerte espléndida. Completó una de sus iluminaciones únicas, pintó el retrato de su esposa y le dirigió palabras amables. Fue su compañera durante muchos años, una mujer a la que él había sacado de una ignorancia tal, que fue incapaz de fir­mar el acta matrimonial, y fue también su ayudante en el taller. Después de entonar un canto de alabanza a Dios, murió. Éste es el hombre que hace tiempo, siendo joven, cuando su amado hermano menor murió, vio su alma aplaudir gozosa porque se separaba del cuerpo. El roble es cortado por el hacha, el cordero cae bajo el cuchi­llo / Pero sus formas eternas existen para siempre. Amén Aleluya. Me pregunto si vivir no es más que un proceso de preparación para este delicioso medio día antes de la muerte. ¡Y qué si este delirio es mera ilusión, pues lo que sigue es la nada; por qué habríamos de inquietarnos por eso! El problema reside, en mi caso, en que yo no he sabido prepararme para mi medio día de delicia. Aunque me estoy aproximando a la edad en que murió mi padre, que sería tu abuelo…».

El capítulo V lo inicia así: “Es extraordinario cómo pueden coexistir en la invención de Blake lo grotescamente extravagante y lo familiar. He tenido esta sensación a menudo, y además he leído numerosos pasajes que de algún modo concuerdan con detalles de mi vida con mi hijo…”

Y más adelanta confiesa: “… deseo comenzar revisando mi historia personal como escritor de ficción tratando de mi hijo, y como lector de Blake”.  Y lo resume de este modo: “He descrito mi encuentro casual, de joven, con unos pocos versos de Los cuatro Zoas, que me trastornaron profundamente. Más tarde, como estudiante y como posgraduado, antes de averiguar que aquellos versos eran de Blake, hubo un período de mi vida en que encontré sus poemas más breves sumamente evocadores, y escribí algo de ficción centrada en ellos. Esto me llevó a seleccionar un poema, o unos pocos versos de un poe­ma, que pude no haber leído de principio a fin, e introducirlos en mi narración de una manera que cabría considerar arbitraria o incluso obstinada. Mirando ahora hacia atrás, encuentro ejemplos en los que debería decir que entendí mal los versos que empleé (todavía ahora, al internarme en la selva del denso y retorcido simbolismo de las largas Profecías de Blake, con sólo mi comprensión de aficionado y autodidacto como guía, sin duda me hago culpable de nuevos errores). Aun así, cuando avanzo en la lectura de Blake y descubro un error que en otro tiempo tuvo una gran fuerza evocadora para mí, debería servirme para redescubrirme a mí mismo en aquella época. Hoy sé que Blake es un poeta que continuaré leyendo hasta que me muera, lo cual significa tener la sensación de que Blake puede permitirme construir un modelo para vivir mi propia vida conforme avanzo hacia la muerte. Mientras confirmo interpretación es erróneas en mi propia obra de ficción y de nuevo me conmueven, evoco el trabajo de mi ima­ginación, en su conjunto, cuando era joven. En efecto, mi recurso a Blake procura la oportunidad de ajustar con mis cuentas conmigo mismo en el pasado…”

Acercándonos al final de la novela, leemos: “Lo que tan poderosamente me atrae de Blake es que no sólo formula su mundo mitológico único basado en una tradición que se extiende desde el cristianismo hasta el misticismo esotérico, sino que también refuerza su mitología para que se desarrolle por sí misma infundiéndose de la energía de su vida y su tiempo. Y su avance por esta vía le permite dirigir su mundo mitológico a través y más allá de sus motivos de política contemporánea y de relaciones internacionales, a un lugar que trasciende el tiempo. Para mí, esas dos facetas del mismo logro explican la fuerza magnética de Blake.  Cuando empecé a leer sobre el vasto y ricamente articulado mundo mitológico de las Profecías de Blake, no pude dejar de preguntarme qué fuerza en concreto pudo haberle impulsado a producir tan voluminosa cantidad de versos día tras día..”

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La imaginación en William Blake

Con placer he leído especialmente las páginas que dedica a la imaginación, en las que William Blake es esencial.  Nos dice Oé que la imaginación es uno de los temas que más le han importado: “Desde los comienzos de mi carrera, he pensado acerca de la imaginación. He propuesto que la imaginación está en el centro de la función del lenguaje en la narrativa, y es crítica para observar las circunstancias de nuestro mundo contemporáneo. Esto me ha obligado a estudiar las teorías de la imaginación de mis predecesores. Empezando por Jean-Paul Sartre, he llegado, tras numerosos desvíos, a la obra de Gaston Bachelard..”.

Pero finalmente, la relectura de Blake le sirvieron para revalorar las concepciones blakeanas y considerarlas como esenciales: “En mis primeras lecturas de este pasaje, presté escasa atención al verso de Blake. Ignoraba la importancia de la palabra «imaginación» en el mundo mitológico de Blake, y también sentí, en mi arrogancia, que puesto que mis pensamientos sobre la imaginación parecían ligarse directamente a Bachelard, no tenía necesidad de la mediación de Blake. Sin embargo, desde la primavera, cuando empecé a leer la obra completa de Blake, he reconfigurado mi propia construcción de la palabra «imaginación»…”

Entre otras conclusiones blakeanas a las que llega Oé, destaco la siguiente: “Para Blake, la sustancia de Dios está fundada en la Imaginación. Lo mismo es verdad respecto del Hombre último. El Hombre alcanza a Dios por medio de la Imaginación. El hombre será redimido de este mundo caído e ilusorio cuando toda la Humanidad se convierta en el cuerpo único de Dios, y la Imaginación es el medio de realizar ese Estado: cuando todos los Hombres finalmente se conjunten con el Cuerpo Eterno, o sea, con Dios, en ese mis­mo momento se alcanzará la plenitud de la Imaginación”.

Y a continuación escribe Oé: “La primera cita procede de estos pensamientos sobre la imaginación: «La Imaginación no es un Estado: es la Existencia Humana misma.» Una vez alcanzada la visión del hombre último conjuntado con Dios, una conjunción posible gracias a la imaginación, debería poder aceptarse directamente la visión de «Imaginación» como sustancial, como la existencia humana misma. Donde Blake se torna difícil de entender es en su singular uso de términos como «Estado» y «Formas», el «Estado del Hombre» en este mundo caído o las «Formas» que expresan la esencia de lo que llegará a ser el Hombre último”.

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