Viajes y pensamientos

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Esoterismo de la Familia Charitatis

Poco se puede encontrar en castellano actualmente en internet acerca del grupo esotérico Familia Charitatis-Familia del Amor surgido en Amberes a mediados del siglo XVI y que se expandió por diversos países europeos, siendo su foco difusor principal la imprenta de Plantino, siendo Benito Arias Montano uno de los familistas españoles más destacado si no el mayor. Por nuestra parte hemos publicado un artículo específico, Arias Montano, Plantino y Barrefelt-Hiël, en el que aportamos enlaces a algunos ensayos sobre los familistas y alentamos la lectura del capítulo IV del libro de Ben Rekers (Arias Montano, Taurus, 1973), dedicado a la Familia del Amor.

Creemos que este grupo espiritualista, especialmente en la etapa liderada por Hiël, debió tener relaciones con los auténticos Rosa- Cruz, o cuando menos algunas personas, entre ellas Benito Arias Montano.

Arias Montano en ICONES VETERUM ALIQUOT, AC RECENTIUM MEDICORUM - 1574

Arias Montano en ICONES VETERUM ALIQUOT, AC RECENTIUM MEDICORUM – 1574

Muy interesante es una carta de Adrian Saravia dirigida en 1608 al arzobispo de Canterbury que publica Reckers y en la que dice lo siguiente:

Familia-Charitatis-segun-Adrian-Saravia-Y prosigue la carta de Saravia: “Lo que leemos de Cristo, Dios hecho hombre y hombre hecho Dios, enseñan que debe realizarse en todo hombre perfecto, nueva creatura. Llaman a ésta en su lengua “vergodet mensche”, que significa “hombre deificado”. En ese culto externo, que conduce al hombre a Dios y al estado perfecto, enumeran la misa y otras ceremonias papistas…”.

Esoterismo trascendiendo las formulaciones religiosas

Los textos sobre la Familia Charitatis recalcan que se inculcaba a sus miembros la “tolerancia religiosa” puesto que se consideraban por encima de cualquier credo religioso de una fe específica. Si esto lo trasladamos al esoterismo podríamos ver en ello algo de lo que Guénon expuso en el capítulo VII de “Aperçus sur l´iniciation”:

“Las formas tradicionales pueden ser comparadas a vías que van todas a una misma meta , pero que, en tanto que vías, por eso no son menos distintas; es evidente que no pueden seguirse varias a la vez, y que, cuando uno se ha comprometido en una de ellas, conviene seguirla hasta el final sin apartarse de ella, ya que querer pasar de una a otra sería el mejor medio de no avanzar en realidad, si no incluso de correr el riesgo de ex-traviarse completamente. No es sino aquel que ha llegado al término el que, por eso mismo, domina todas las vías, y eso porque ya no tiene que seguirlas; así pues, si hay lugar a ello, podrá practicar indistintamente todas las formas, pero precisamente porque las ha rebasado y porque, para él, están unificadas en adelante en su principio común. Por lo demás, generalmente continuará quedándose entonces exteriormente en una forma definida, aunque no fuera más que a título de «ejemplo» para los que le rodean y que no han llegado al mismo punto que él; pero, si algunas circunstancias particulares vienen a exigirlo, podrá así mismo participar en otras formas, puesto que, desde ese punto donde él está, ya no hay entre ellas ninguna diferencia. Por lo demás, desde que esas formas están así unificadas para él, en modo alguno podría haber en eso mezcla o confusión cualquiera, lo que supone necesariamente la existencia de la diversidad como tal; y, todavía una vez más, se trata sólo de aquel que está efectivamente más allá de esta diversidad: para él, las formas ya no tienen el carácter de vías o de medios, de los cuales ya no tiene necesidad, y ya no subsisten sino en tanto que expresiones de la Verdad una, expresiones de las que es completamente legítimo servirse según las circunstancias como lo es hablar en diferentes lenguas para hacerse comprender por aquellos a quienes uno se dirige” .

Mercurio-Hermes, ideado por Martín de Vos en 1581

Mercurio-Hermes, ideado por Martín de Vos en 1581

Y es que el esoterismo -y seguimos con Guénon en el mismo libro- “no puede de ninguna manera ser derivado de la religión; incluso allí donde la toma como soporte, como medio de expresión y de realización, no hace otra cosas que la de reunirla efectivamente con su Principio, y éste representa en realidad, por relación a ella, la Tradición anterior a todas las formas exteriores particulares, religiosas u otras”.

He señalado en el segundo párrafo que estimo que algunos familistas fueron auténticos Rosa-Cruz o recibieron la “influencia iniciático-espiritual” de ellos. Y a este respecto conviene recordar que se decía que los Rosa-Cruz tenían el “don de lenguas” y que tenían que adoptar la indumentaria y los hábitos de los países en los que caminaran. Y retorno de nuevo a Guénon, esta vez en el capítulo 37 de la susodicha obra,  trancribiendo este largo párrafo aclaratorio:

“Así, el Rosa-Cruz, en virtud del grado espiritual que había alcanzado, ya no estaba ligado exclusivamente a ninguna forma definida, como tampoco a las condiciones especiales de ningún lugar determinado, y es por eso por lo que era un «Cosmopolita» en el verdadero sentido de esta palabra. La misma enseñanza se encuentra en el esoterismo islámico: Mohyddin ibn Arabi dice que «el verdadero sabio no se liga a ninguna creencia», porque está más allá de todas las creencias particulares, puesto que ha obtenido el conocimiento de lo que es su principio común; pero es precisamente por eso por lo que, según las circunstancias, puede hablar la lengua propia de cada creencia. Por lo demás, piensen lo que piensen los profanos, en eso no hay ni «oportunismo» ni disimulación de ningún tipo; al contrario, eso es la consecuencia necesaria de un conocimiento que es superior a todas las formas, pero que no puede comunicarse (en la medida en que es comunicable) más que a través de las formas, cada una de las cuales, por eso mismo de que es una adaptación especial, no podría convenir indistintamente a todos los hombres. Para comprender de qué se trata, esto se puede comparar a la traducción de un mismo pensamiento a lenguas diversas: en efecto, siempre es el mismo pensamiento, que, en sí mismo, es independiente de toda expresión; pero, cada vez que se expresa en una lengua diferente, deviene accesible a hombres que, sin eso, no habrían podido conocerle; y, por lo demás, esta comparación es rigurosamente conforme al simbolismo mismo del «don de lenguas»”.

Y añade Guénon:

“Aquel que ha llegado a este punto, es el que ha alcanzado, por un conocimiento directo y profundo (y no sólo teórico o verbal), el fondo idéntico de todas las doctrinas tradicionales, el que ha encontrado, colocándose en el punto central desde donde han emanado, la verdad una que se oculta bajo la diversidad y la multiplicidad de las formas exteriores. En efecto, la diferencia no está nunca más que en la forma y en la apariencia; el fondo esencial es por todas partes y siempre el mismo, porque no hay más que una verdad, aunque tenga aspectos múltiples según los puntos de vista más o menos especiaespeciales bajo los cuales se la considera, y porque, como lo dicen los iniciados musulmanes, «la doctrina de la Unidad es única»; pero es menester una variedad de formas para adaptarse a las condiciones mentales de tal o cual país, de tal o cual época, o, si se prefiere, para corresponder a los diversos puntos de vista particularizados que son determinados por esas condiciones; y aquellos que se detienen en la forma ven sobre todo las diferencias, hasta el punto de tomarlas a veces incluso por oposiciones, mientras que ellas desaparecen al contrario para aquellos que van más allá. Seguidamente, éstos pueden redescender a la forma, pero sin ser ya afectados por ella de ninguna manera, y sin que su conocimiento profundo sea modificado por ella en nada; así mismo, pueden realizar, como se sacan las consecuencias de un principio, es decir, procediendo desde arriba hacia abajo, desde lo interior a lo exterior (y es en eso donde la verdadera síntesis es, como ya lo hemos explicado precedentemente, todo lo opuesto del vulgar «sincretismo»), todas las adaptaciones de la doctrina fundamental. Es así como, para retomar siempre el mismo simbolismo, puesto que ya no están obligados a hablar una lengua determinada, pueden hablarlas todas, porque han tomado conocimiento del principio mismo del que todas las lenguas se derivan por adaptación; lo que llamamos aquí las lenguas, son todas las formas tradicionales, religiosas u otras, que no son, en efecto, más que adaptaciones de la gran Tradición primordial y universal, vestiduras diversas de la única verdad.”

***

A continuación transcribimos la sección dedicada a la Familia de la Caridad o del Amor por Ángel García Galiano en su extraordinario ensayo sobre el esoterismo de la Epístola de Aldana a Arias Montano, a la que hemos dedicado un artículo en Soriaymas.

LA FAMILIA CHARITATIS 

 Ángel García Galiano

 

Hemos visto, a raíz de nuestra apresurada revisión del “Dictatum Christianum” [de Arias Montano], que algunos elementos incluso externos, como el hecho de que se convirtiera en libro de cabecera de la Familia, o que las cautelosas doctrinas escritas habían de ser desentrañadas en el contexto de la práctica común y de las enseñanzas orales, nos llevan a pensar que al menos en Arias Montano (puede que no directamente en Aldana) sí hay un influjo importante de esta tradición esotérica a la hora de conformar una experiencia y una doctrina de cuyo magisterio luego bebe y al que homenajea su discípulo en la Epístola. Los datos objetivos que podemos entresacar sobre la incidencia en Montano de los postulados esenciales de la secta son los siguientes:

– Ideal de vida sencilla y retirada, cosa que también acontece en el poema de Aldana.

Emblema de la Familia Charitatis

Emblema de la Familia Charitatis

– Siguen los escritos esotéricos del líder por encima incluso de las Sagradas Escrituras, cuya lectura se acomoda, en todo caso, al horizonte de expectativas de la secta.

– Compromiso no proselitista con la Familia, ideal de vida dedicado al estudio y la contemplación. Aunque se podría matizar esta ausencia de proselitismo si advertimos la alegría con que manifiesta a Plantino en su correspondencia el aumento de adeptos para su Familia, captados entre los monjes de El Escorial, durante su etapa como bibliotecario. Recordemos, sin embargo, que luego, cuando se pudo zafar de los cargos cortesanos, en su retiro de La Peña, los aldeanos lo tenían por curandero milagroso dedicado por entero a sus estudios y sobreviviendo austeramente con las rentas que le correspondían como caballero de la Orden de Santiago.

– Neoestoicismo con tendencias quietistas, que es la única manera “desde fuera”, del lado de acá, de definir esta actitud de inteligente y comprensivo desapego que tiene el sabio ante las cosas del mundo manifestado.

-Vegetarianismo. Permítaseme a este respecto una anécdota relatada por Carlos Sánchez Rodríguez9. En febrero de 1578 viaja a Lisboa para explorar, enviado por el rey, qué respaldo popular tendría su posible derecho dinástico al trono. Como sabemos, se entrevistó con el rey don Sebastián en plena vesania de preparativos para su “cruzada africana”. Don Juan de Silva, embajador en Lisboa, escribe a Felipe II:

“El doctor Arias Montano ha estado aquí seis o siete días, y quedan todos los hombres de letras y entendimiento aficionadísimos suyos, y el rey especialmente que le ha mandado llamar tres o cuatro veces y teniéndole mil horas en diversas pláticas (…) y así ha conocido y admirado mucho la particular habilidad y bondad de que Dios ha dotado a Arias Montano. Mañana parte de aquí cargado de conchas de caracoles, sin haber probado el pescado de Lisboa.” Poco antes había rechazado dos jamones que le pretendiera regalar el secretario Zayas y, para evitar la posible violencia del gesto, se burla de sí mismo y de su austero vegetarianismo de esta guisa: “ ni aun un ganapán creo trocaría su mesa y concierto della por la mía”.

– Los seguidores de Henrik Jansen Barrefelt, llamado “Hiël” (Luz de Dios) pretenden, a través de la práctica contemplativa fundamentada en el silencio de la mente, escuchar la “voz de Dios” que anida en el interior del corazón, esa escucha, cuando el practicante se hace diestro en ella, provee al sistema cognitivo y emocional nuevas claves de referencia intelectiva que podríamos denominar como un nítido sentido de “atestiguamiento”, verificable por lo general en un estado de atención que en la tradición devocional occidental se suele nombrar como “presencia de Dios”, en el que la aprehensión directa de la realidad libera al perceptor del juicio y toda la carga moral implícita en el mismo, de tal manera que ese nuevo estado de comprensión (un verdadero hombre nuevo “libre del pecado”, por decirlo en terminología familista) genera una representación de la realidad que es nueva, única, total y holística en cada instante, de tal suerte que la única manera de expresar ese especial estado de “gracia” es hablar de una cierta identificación entre el alma y la divinidad, en el mismo sentido, ya aludido antes, en el que Juan de la Cruz (y el propio Aldana) explica esta vivencia como ver a las criaturas en Dios, y no viceversa, según describía el protocolo ascensional neoplatónico.

– Esta nueva forma de contemplar la realidad acentúa en los miembros de la Familia la intuición de fusión total o identificación suma con el ser divino. Es sabido que en las tradiciones abrahámicas la identificación entre el alma y Dios no se da nunca de manera completa tal y como se puede constatar en la literatura mística oriental, en donde el falso “ego” de la persona se reabsorbe con el Absoluto en el nirvana de los budistas o el samadhi de la Vedanta. En la tradición oriental sólo se atisba este sesgo de diferenciación entre la persona y el absoluto en las practicas de tipo devocional o bhakti.

Sólo en contados casos, el más palmario el de Meister Eckhart, en donde el camino es mucho más intelectual que devocional (esto es, más jnani que bhakti, por decirlo con categorías védicas), la mística occidental ha formulado la total anulación del yo en Dios, con una perspectiva por tanto no dualista, tan difícil de asumir para las escuelas monoteístas en las que la “necesidad” de que sea la persona la que se salve y se vincule eternamente con la divinidad deviene en postulado muy querido para la ortodoxia exotérica, mas ciertamente sospechoso para otras escuelas de Sabiduría, desde cuyo punto de vista, como antes apuntábamos, no se trataría de liberar (salvar, iluminar) a la persona, sino más bien liberarse de ella. Recuérdese sólo cómo el gran místico ufí Al-Hallash fue condenado a morir lapidado cuando tras un rapto de unidad salió de la jaima donde meditaba gritando: “yo soy Alá”. El yo que exultaba al darse cuenta de lo que acontecía no era el ego del practicante contemplativo, pero para los que lo escucharan proferir aquellas palabras en pleno rapto no cabía duda de que se trataba de un réprobo blasfemo.

Repásense las espurias revisiones del Cántico B a propósito de esto y recordemos cómo donde Juan de la Cruz escribe en el Cántico A de fusión plena con Dios en el éxtasis místico, Cántico B remite esta bienaventuranza a la gracia general de los salvados, tras la Parusía.

Motivo más que suficiente para sospechar de su autenticidad. Por todo ello es tan interesante constatar cómo Hiél y sus seguidores asumen una tradición de no diferenciación, que aun siendo constatable en la devotio moderna a través de la mística renanoflamenca, es de una gran valentía como postulado metafísico en un mundo cuya representación tiende a ser dualista. Por eso, en occidente, este tipo de planteamientos disolutivos, de aniquilación del yo en Dios, propenden a ser confundidos con una suerte de panteísmo, quizá por falta de comprensión del significado metafísico de la no dualidad.

– Otra característica ya apuntada es el hecho de reinterpretar la Biblia a la luz de los escritos esotéricos del maestro, en una suerte de hermenéutica contemplativa muy cercana, me parece, a la que establece Ibn Arabí con respecto al Corán.

– Indiferencia al dogma, los familistas, como vimos, “adoptan” externamente la religión del país. En una época de necesaria astucia para verse libre de sospechas de herejía, esta resolución práctica se antoja como algo de lo más conveniente. Pero el motivo de fondo puede que no sea tan coyuntural, va más allá del contexto político, doctrinal y, a la postre, inquisitorial en que se vive: sucede que el iniciado trasciende en la no diferenciación (o al menos se asume como axioma en los textos del maestro) las diferencias relativas del dogma, entendidos como procesos mentales que surgen de un imparable mecanismo racional de discriminación (también emocional), fruto del afán de poder o la busca de seguridad, que es lo mismo.

La no intromisión filosófica o teológica de la Familia (ni de ninguna escuela de sabiduría) en los dogmas religiosos tiene, por tanto, que ver con una nueva visión de la realidad, una comprensión del mundo de la forma, de la manifestación, del Fenómeno, visto desde la Conciencia, la Realidad, el Noúmeno. No es un mero relativismo, ni una falsa hipocresía puede que hasta cobarde (sobre todo si la comparamos con la emocional inmolación de los mártires, o testigos de su fe, que prefieren morir a abjurar de sus creencias y, por ello mismo, su dios mítico los “salva” y su eclesía los canoniza, esto es, los convierte en modelo práctico y externo de conducta), es una constatación, si sincera, de la vacuidad del mundo relacional: un verdadero discernimiento no es iconoclasta o anti-religioso, comprende que esas son formas de cohesión social, esquemas culturales de seguridad que en su propia esencia llevan necesariamente el germen de la contradicción, en tanto que el mecanismo está basado en la limitación: allá donde aparezca “lo otro” surge el enemigo decidido a terminar con el sistema (si es religioso, para más abundamiento, se trata de un sistema revelado, por tanto infalible y veraz) que, para el creyente, coincide con el mapa exacto de la realidad. El contemplativo no prescinde de las formas si ha de seguir viviendo “en el mundo”, pero las usa a sabiendas de que son meros vehículos que, bien utilizados,  posibilitan o al menos no impiden la práctica. Eso es precisamente lo que más saca de quicio a la jerarquía exotérica, para quien el mapa es, literalmente, el territorio.

Por eso es que la Familia no practica ningún rito externo que la identifique (y separe) como tal, Hiël predicaba que se adoptara el rito externo de la religión triunfante en cada sitio, fuera católica o calvinista.

La vinculación de Arias Montano con la Familia fue providencial para muchos de sus atribulados adeptos, porque gracias a su influencia, hombres que hasta ese momento vivían con temor a la persecución y el oprobio, comenzaron, gracias a sus prerrogativas, a vivir con más tranquilidad y hasta a recibir favores reales, muchas veces canalizados a través de la imprenta de Plantino. Y viceversa, gracias a la Familia, Montano ve la realidad flamenca que le toca juzgar de manera muy distinta, tal y como pone de manifiesto ya en sus cartas e informes a partir de 1572.

Para Rekers (Arias Montano, Madrid, Taurus, 1973)  es indudable que la “conversión” del biblista a esta forma interior de investigación en la conciencia supuso un cambio radical, una metanoia. Recordemos que en el Prefacio a su comentario al Apocalipsis, Elucidationes in omnia Apostolorum Scripta, publicado en 1588 por Plantino, Montano rinde abierto tributo a Hiël, de quien dice que le cambió completamente la vida:

“Confieso que, aunque ingresé en los caminos del Señor hace treinta años, con su ayuda, y estudié la Sagrada Escritura, sin embargo, no entendía casi nada del Apocalipsis de San Juan sino uno, dos o a lo sumo tres capítulos, y ésos no seguidos, a pesar de consultar muchos comentadores y expositores. Solía decir yo que entendía mejor el Apocalipsis que los comentadores que leía, pues ellos exponían el texto en sus comentarios como si hubieran comprendido su significado y fuera fácil exponerlo; pero sus varias interpretaciones me lo hacían aún más obscuro y difícil que antes. Continuando en esta opinión y en este deseo de comprender, sucedió por providencia divina que, por la obra y la ayuda de cierto testigo viviente de la verdad cristiana, a quien el poder y la verdad mismos de Cristo han puesto por nombre Hiël, otra chispa de luz se me ha otorgado por la cual pudiera conocer todos los misterios de este libro. Misterios que no pueden ser percibidos plenamente y abundantemente sino por aquellos a quienes Dios, autor de estas palabras, les comunica el tema mismo de que tratan. Pero sí pueden serlo por los píos y simples amantes de la verdad que en nada se fían de su ingenio y juicio humano, conocedores del camino sincero de Cristo: a ellos sí se les puede mostrar un ejemplo de esta trasfiguración, como a los tres apóstoles sobre el monte santo.”

Allego, para terminar ya este epígrafe, un testimonio indirecto sumamente interesante para intentar comprender los postulados fundacionales del familismo. Se trata de una carta de Adrian Saravia (taducida por Rekers, págs. 139 y ss.) fechada en 1608, que tiene como destinatario al arzobispo de Canterbury, en la que intenta explicarle las claves doctrinales de la Familia Charitatis, que consistirían en:

– Estoicismo.

-Búsqueda interior, cuyo proceso culminaría con la divinización del hombre, el vergodet mensche, o ser humano deificado.

– Intentan fundamentar su doctrina en los sermones de Taulero y en la Teologia Germanica, traducida al latín por Castellion.

– Hablan de la “revelación súbita”

– La vida anterior a esa “revelación” se advierte como hueca y vacía.

Plantino en grabado de J. Wierix

Plantino en grabado de J. Wierix

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