Viajes y pensamientos

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Sinuhé, el egipcio, una novela fascinante

Algunos papeles sueltos de mi juventud, escritos en 1975 a mis 16 años, he encontrado recientemente en la casa paterna y, salvo unas pocas hojas, las demás han ido al cubo de la basura. Entre lo que he recuperado se encuentran dos páginas en letra menuda donde resumía un poco la novela Sinuhé, el egipcio que tanto me fascinó. Y las he transcrito ahora para este blog.

Nefertiti

Sinuhé, el egipcio la escribió el finlandés Mika Waltari. Se publicó en 1945 y creo recordar que para documentarse empleó diez años, por lo que su precisión histórica ha sido reconocida por los egiptólogos. Tuvo un gran éxito, pero la película que se filmó sobre ella fue un fracaso  en 1954 (quizás si Marlon Brando hubiese aceptado interpretar a Sinuhé hubiera sido otra cosa).

Akhenaton y Nefertiti ante AtonFascinado, como digo, por esta novela histórica, inmediatamente busqué otras de Waltari que leí entusiasmado: El Etrusco, El ángel sombrío y Juan el peregrino. Así que Mika Waltari se convirtió en uno de mis grandes escritores favoritos de entonces. Tras él, años después y ya en la mili, vendrían Herman Hesse, Yasunari Kawabata …

Mika_Waltari escribiendoY he aquí mi reseña juvenil de Sinuhé, el egipcio que leí fundalmentalmente en el “Sotanillo” del Instituto de Santa Catalina del Burgo de Osma y totalmente embebido en su lectura.

Sinuhé-del-egipcio-y-su-amada

SLa historia de un Egipto donde los faraones eran considerados como dioses.

La sencilla vida de Sinuhé en sus primeros años: jugando en el barrio de los pobres. Su amistad con Pathór, trepanador real; su entrada en el templo de Amón. El desengaño terrible que sufre al ver que Amón sólo es una tapadera para encubrir las riquezas de los sacerdotes calvos, relucientes y gordos.

La belleza de Nefer Nefer Nefer.

El conocimiento de su misterioso nacimiento y el de su nombre, Sinuhé, que le lleva a seguir los pasos de aquel famoso Sinuhé.

Kaptah y sus ingeniosidades. Pathór, que lo lleva consigo para que le suceda en su cargo. La muerte del faraón y la subida al trono del joven heredero, enfermo, delgado en sus miembros. Horomheb, hijo de Horus. Thotmés y su estilo libre para dibujar. Su pasión desenfrenada por Nefer Nefer Nefer que le lleva a su total ruina y a la muerte de Kipah y Semmut, sus padres adoptivos.

Sinuhé huye de Tebas y de Egipto, habiendo tenido que trabajar en la Casa de la Muerte y profanado las tumbas de un faraón. El amuleto encontrado en la tumba al enterrar a sus padres con el faraón, para que vivan eternamente, es adorado incesantemente por su criado Kaptah durante la travesía en barco.

Sinuhe_el_egipcio_de_ Mika_WaltariSiria y sus costumbres. Los comienzos como médico en Siria son afortunados, pronto comienza a obtener cierto prestigio, consiguiendo una deseable riqueza. Pero la llegada de Horonheb, la lucha contra los Khahihiri y el conocimeinto de la locura de Akhenaton por su Dios, le hacen viajar por el país de los hititas, temible pueblo guerrero. Entabla amistad con Aziru, rey de Amurru; conoce Babilonia, la astronomía..,  y adquiere grandes conocimeintos sobre su profesión.

Minea y su amor por ella. Creta con las danzas frente a los toros. Minea es consagrada al Dios cretense, pero la gran serpiente está muerta y ella muere. Este descubrimiento hace de Sinuhé un fracasado, mas Kaptah está al acecho y le salva. Regresa a Siria encontrándose con que es muy rico. Los aires no son beneficiosos para los egipcios en Siria, se prepara una guerra por lo que regresa a Tebas. Bebe el agua del Nilo porque aquel que ha bebido de este agua ya no se puede saciar con otra. En Tebas Atón trata de vencer sobre Amón, consiguiéndolo más tarde tras gran derrame de sangre.

Ari y su alianza con Horomheb. El derrumbamiento de la Ciudad del Horizonte. Su venganza sobre Nefer Nefer y su amor por Marit y Thot.

Su locura por Atón que le lleva a la destrucción y pobreza. El triunfo de Amón. Ari, faraón. Horomheb, emperador. Kaptah y su astucia que le convertirá en riquísimo. La guerra de Siria y la muerte de Aziru y del príncipe hitital

Su desconsuelo y destierro.

Esto es, a grandes rasgos la historia de Sinuhé, el que es Solitario e hijo de Onagro, trepanador real.

Sinuhe-el-egipcio-pelicula-ante-el-fararonSinuhe-y-NeferEl melancólico y admirable comienzo magistral de la novela

Yo, Sinuhé, hijo de Senmut y de su esposa Kipa, he escrito este libro. No para cantar las alabanzas de los dioses del país de Kemi, porque estoy cansado de los dioses. No para alabar a los faraones, porque estoy cansado de sus actos. Escribo para mí solo. No para halagar a los dioses, no para halagar a los reyes, ni por miedo del porvenir ni por esperanza. Porque durante mi vida he sufrido tantas pruebas y pérdidas que el vano temor no puede atormentarme y cansado estoy de la esperanza en la inmortalidad como lo estoy de los dioses y de los reyes. Es, pues, para mí solo para quien escribo, y sobre este punto creo diferenciarme de todos los escritores pasados o futuros.

Sinuhe-escribiendo-su-vida

Porque todo lo que se ha escrito hasta ahora lo fue para los dioses o para los hombres. Y sitúo entonces a los faraones también entre los hombres, porque son nuestros semejantes en el odio y en el temor, en la pasión y en las decepciones. No se distinguen en nada de nosotros, aun cuando se sitúen mil veces entre los dioses. Son hombres semejantes a los demás. Tienen el poder de satisfacer su odio y de escapar a su temor, pero este poder no les salva la pasión ni las decepciones, y cuanto ha sido escrito lo ha sido por orden de los reyes, para halagar a los dioses o para inducir fraudulentamente a los hombres a creer en lo que ha ocurrido. O bien para pensar que todo ha ocurrido de manera diferente de la verdad. En este sentido afirmo que desde el pasado más remoto hasta nuestros días todo lo que ha sido escrito se escribió para los dioses y para los hombres.

Todo vuelve a empezar y nada hay nuevo bajo el sol; el hombre no cambia aun cuando cambien sus hábitos y las palabras de su lengua. Los hombres revolotean alrededor de la mentira como las moscas alrededor de un panal de miel, y las palabras del narrador embalsaman como el incienso, pese a que esté en cuclillas sobre el estiércol en la esquina de la calle; pero los hombres rehuyen la verdad.
Yo, Sinuhé, hijo de Senmut, en mis días de vejez y de decepción estoy hastiado de la mentira. Por esto escribo para mí solo, lo que he visto con mis propios ojos o comprobado como verdad. En esto me diferencio de cuantos han vivido antes que yo o vivirán después de mí. Porque el hombre que escribe y, más aún, el que hace grabar su nombre y sus actos sobre la piedra, vive con la esperanza de que sus palabras serán leídas y que la posteridad glorificará sus actos y su cordura. Pero nada hay que elogiar en mis palabras; mis actos son indignos de elogio, mi ciencia es amarga para el corazón y no complace a nadie. Los niños no escribirán mis frases sobre la tablilla de arcilla para ejercitarse en la escritura. Los hombres no repetirán mis palabras para enriquecerse con mi saber. Porque he renunciado a toda esperanza de ser jamás leído o comprendido.

En su maldad, el hombre es más cruel y más endurecido que el cocodrilo del río. Su corazón es más duro que la piedra. Su vanidad, más ligera que el polvo de los caminos. Sumérgelo en el río; una vez secas sus vestiduras será el mismo de antes. Sumérgelo en el dolor y la decepción; cuando salga será el mismo de antes. He visto muchos cataclismos en mi vida, pero todo está como antes y el hombre no ha cambiado. Hay también gentes que dicen que lo que ocurre nunca es semejante a lo que ocurrió; pero esto no son más que vanas palabras.

Yo, Sinuhé, he visto a un hijo asesinar a su padre en la esquina de la calle. He visto a los pobres levantarse contra los ricos, los dioses contra los dioses. He visto a un hombre que había bebido vino en copas de oro inclinarse sobre el río para beber agua con la mano. Los que habían pesado el oro mendigaban por las callejuelas, y sus mujeres, para procurar pan a sus hijos, se vendían por un brazalete de cobre a negros pintarrajeados.

No ha ocurrido, pues, nada nuevo ante mis ojos, pero todo lo que ha sucedido acaecerá también en el porvenir. Lo mismo que el hombre no ha cambiado hasta ahora, tampoco cambiará en el porvenir. Los que me sigan serán semejantes a los que me han precedido. ¿Cómo podrían, pues, comprender mi ciencia? ¿Por qué desearía yo que leyesen mis palabras?

Pero yo, Sinuhé, escribo para mí, porque el saber me roe el corazón como un ácido y he perdido todo el júbilo de vivir. Empiezo a escribir durante el tercer año de mi destierro en las playas de los mares orientales, donde los navíos se hacen a la mar hacia las tierras de Punt, cerca del desierto, cerca de las montañas donde antaño los reyes extraían la piedra para sus estatuas. Escribo porque el vino me es amargo al paladar. Escribo porque he perdido el deseo de divertirme con las mujeres, y ni el jardín ni el estanque de los peces causan regocijo a mis ojos. Durante las frías noches de invierno, una muchacha negra calienta mi lecho, pero no hallo con ella ningún placer. He echado a los cantores, y el ruido de los instrumentos de cuerda y de las flautas destroza mis oídos. Por esto escribo yo, Sinuhé, que no sé qué hacer de las riquezas ni de las copas de oro, de la mirra, del ébano y del marfil. Porque poseo todos estos bienes y de nada he sido despojado. Mis esclavos siguen temiendo mi bastón, y los guardianes bajan la cabeza y ponen sus manos sobre las rodillas cuando yo paso. Pero mis pasos han sido limitados y jamás un navío abordará en la resaca. Por esto yo, Sinuhé, no volveré a respirar jamás el perfume de la tierra negra durante las noches de primavera, y por esto escribo.

Y, sin embargo, mi nombre estuvo un día escrito en el libro de oro del faraón, y habitaba el palacio dorado a la derecha del rey. Mi palabra tenía más peso que la de los poderosos del país de Kemi; los nobles me enviaban regalos, y collares de oro adornaban mi cuello. Tenía cuanto un hombre puede desear, pero yo deseaba más de lo que un hombre puede obtener. He aquí por qué estoy en este lugar. Fui desterrado de Tebas en el sexto año del reinado de Horemheb, con la amenaza de ser matado como un perro si osaba volver, ser aplastado como una rana entre dos piedras si jamás ponía el pie fuera de la tierra que me ha sido fijada como residencia. Tal es la orden del rey, del faraón que fue un día mi amigo.

Pero, ¿puede acaso esperarse otra cosa de un hombre de baja extracción que ha hecho borrar los nombres de los reyes en la lista de sus antecesores para sustituirlos por los de sus parientes? He visto su coronación. He visto colocar sobre su cabeza la tiara roja y la tiara blanca. Y seis años después me desterró. Pero, según el cálculo de los escribas, era el trigésimo segundo año de su reinado. Cuanto se escribió entonces y ahora, ¿no es acaso ajeno a la verdad?

A aquel que vivía de la verdad lo he despreciado durante su vida a causa de su debilidad, y he vuelto a encontrar el terror que sembraba en el país de Kemi a causa de su verdad. Ahora su venganza pesa sobre mí, porque yo también quiero vivir en la verdad, no por su dios, sino por mí mismo. La verdad es un cuchillo afilado, la verdad es una llaga incurable, la verdad es un ácido corrosivo. Por esto, durante los días de su juventud y de su fuerza, el hombre huye de la verdad hacia las casas de placer y se ciega con el trabajo y con una actividad febril, con viajes y diversiones, con el poder y las construcciones. Pero viene un día en que la verdad lo atraviesa como un venablo y ya no siente más el júbilo de pensar o trabajar con sus manos, sino que se encuentra solo, en medio de sus semejantes, y los dioses no aportan ningún alivio a su soledad. Yo, Sinuhé, escribo esto con plena conciencia de que mis actos han sido malos y mis caminos injustos, pero también con la certidumbre de que alguien obtendría de ello una lección para sí si por casualidad me leyere. Por esto escribo para mí mismo. ¡Que otros borren sus pecados en el agua sagrada de Amón! Yo, Sinuhé, me purifico escribiendo mis actos. ¡Que otros hagan pesar las mentiras de su corazón en las balanzas de Osiris! Yo, Sinuhé, peso mi corazón con una brizna de junco.
Pero antes de comenzar mi libro dejaré que mi corazón exhale su llanto. He aquí cómo mi corazón de desterrado lamenta su dolor:

Que el que ha bebido una vez agua del Nilo aspire a volver a ver el Nilo, porque ninguna otra agua apagará su sed.

Que el que ha nacido en Tebas aspire a volver a Tebas, porque en el mundo no existe ninguna otra villa parecida a ésta. Que el que ha nacido en una callejuela tebaida aspire a volver a ver esta callejuela; en un palacio de cedro echará de menos su cabaña de arcilla; en el perfume de la mirra y de los buenos ungüentos aspira el olor del fuego de boñiga seca y del pescado frito.

Cambiaría mi copa de oro por el tarro de arcilla del pobre si tan sólo pudiese hollar de nuevo el suave terruño del país de Kemi. Cambiaría mis vestiduras de lino por la piel endurecida del esclavo si tan sólo pudiese oír aún el murmullo de los cañaverales del río bajo la brisa de la primavera.

El Nilo se desborda, como joyas las villas emergen de su agua verde, las golondrinas vuelven, las grullas caminan por el fango, pero yo estoy ausente. ¿Por qué no seré una golondrina, porqué no seré una grulla de alas vigorosas para poder volar ante mis guardianes hacia el país de Kemi?

Construiría mi nido sobre las columnas policromadas del templo de Amón, en el resplandor fulgurante y dorado de los obeliscos, en el perfume del incienso y de las víctimas de los sacrificios. Construiría mi nido sobre el techo de una pobre cabaña de barro. Los bueyes tiran de las carretas, los artesanos pegan el papel de caña, los mercaderes vocean sus mercancías, el escarabajo va empujando su bola de estiércol sobre el camino empedrado.

Clara era el agua de mi juventud, dulce era mi locura. Amargo y ácido es el vino de mi vejez, y el pan de miel más exquisito no vale el duro mendrugo de mi pobreza. ¡Años, dad la vuelta y volved! ¡Amón, recorre el cielo de Poniente a Levante a fin de que vuelva a encontrar mi juventud! No puedo cambiar una sola palabra, no puedo modificar ningún acto. ¡Oh, esbelta pluma de caña, oh, suave papel de caña, devolvedme mis vanas acciones, mi juventud y mi locura!

He aquí lo que ha escrito Sinuhé, desterrado, más pobre que todos los pobres del país de Kemi.

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2 comentarios

  1. Ángel Almazán

    Magnífico complemento a mi post es este comentario tuyo, Jesús María… Sí, Sinuhé es una obra magnífica en muchos sentidos… Y tú que has podido “sentirlo” viajando a tales lugares has sido un privilegiado… Envidia sana me das… Un abrazo..

  2. Hola Ángel,respondo a tu comentario sobre Sinuhé, en una tarde plomiza, añorando ( si es que uno cree en la reencarnación) el sol y la luz de ese Egipto que magistralmente nos mostró Mika Waltari.
    Aún conservo la edición en dos tomos de la editorial Reno con fecha del año 76 ( !! el siglo pasado…..esto da miedo !!).
    Ha sido uno de los libros más maravillosos que yo haya podido leer y que al releerlo, en lugar de defraudarme como otros, no ha hecho si no acrecentar su valor y el placer inmenso de encontrar un Egipto en su plenitud cultural ( me fascina la época de la revolución de Amarna) y al mismo tiempo la grandeza de mostrar al ser humano en su crudeza, tanto para lo malo como para lo bueno.
    El comienzo del libro me pone los pelos de punta y el final me hace llorar.
    No quiero hablar de la filosofía que se desprende de sus magníficas páginas ( podríamos estar hablando horas) que están de plena actualidad, si no sólamente decir que fué un empuje `para mi espíritu viajero ya que , años después, viajé a Egipto y no me cansé de ver salir al disco solar ni de verlo desaparecer reflejado en la corriente del Nilo, que , como la vida, pasa sin cesar hasta llegar ” a su delta final ” Y me emocioné sintiendo el viento entre las velas de una faluca y viendo el trasiego de los campesinos junto al Nilo……visité el museo Egipcio y Tut estaba allí en su sueño eterno….también llegué a Berlín donde pude extasiarme ante la belleza de ” La bella ha venido ” y en París encontré el retrato del faraón hereje; también me acerqué a las costas de Creta y paseé el reino de los hititas y de Siria…..
    Os animo a que , si no lo habéis leído, lo hagáis. Se acerca el invierno y hay muchas horas en las que el frío de esta tierra no nos permitirá pasear. Animaros a pasear por sus páginas !!
    Un saludo.
    Jesús.

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